
==== Front
Rev Neurol
Rev Neurol
Rev Neurol
Revista de Neurología
0210-0010
1576-6578
Viguera Editores (Evidenze Group)

37365720
RN-77-13
10.33588/rn.7701.2023127
Original
Vacunación contra el SARS-CoV-2 en pacientes pediátricos con epilepsia: experiencia de un centro terciario en Colombia
Ortiz-de la Rosa Johann S. https://orcid.org/0000-0002-3432-1932

Ramón-Gómez Jorge L. https://orcid.org/0000-0002-2697-2380

Martínez-Córdoba Natalia https://orcid.org/0000-0002-2446-7890

Lince-Rivera Isabella https://orcid.org/0000-0002-1416-3201

Instituto Roosevelt Instituto Roosevelt Instituto Roosevelt Bogotá Colombia
Universidad Militar Nueva Granada. Bogotá, Colombia Universidad Militar Nueva Granada Universidad Militar Nueva Granada Bogotá Colombia
Correspondencia: Dr. Johann Sebastián Ortiz-de la Rosa. Instituto Roosevelt. Cra. 1 # 17 - 50. Santa Fé, Bogotá, Colombia. E-mail: jsortizd@gmail.com
Aprobación ética: Se recibió la aprobación ética apropiada para el desarrollo de este artículo. El estudio se ajusta a las normas reconocidas por la Declaración de Helsinki.

Consentimiento informado: El consentimiento de los pacientes se obtuvo antes de la presentación del manuscrito.

Conflicto de intereses: Los autores declaran no tener conflictos de interés.

2023
01 7 2023
77 1 1318
15 6 2023
Copyright: © Revista de Neurología
2023
https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/ Revista de Neurología trabaja bajo una licencia Creative Commons
Objetivo.

El objetivo de este estudio es evaluar los efectos de la vacunación contra el SARS-CoV-2 sobre el patrón convulsivo en pacientes pediátricos con epilepsia que acudieron a nuestro centro terciario en la ciudad de Bogotá, Colombia.

Pacientes y métodos.

Se pidió a los niños con epilepsia que fueron tratados en nuestro centro y que habían recibido la vacuna contra el SARS-CoV-2 y a sus cuidadores que informaran de su experiencia después de la vacunación. Se documentaron la edad, el sexo, la edad de inicio de la epilepsia, la duración de la epilepsia, el tipo de epilepsia, la frecuencia de las convulsiones, el número de medicamentos, el tiempo transcurrido desde la última crisis, los esquemas de vacunación y las convulsiones dos semanas después de la vacunación.

Resultados.

Se incluyó a 101 pacientes con epilepsia (58%, hombres; y 42%, mujeres). La edad promedio fue de 11 años, el 73% tenía epilepsia focal, y el 27%, generalizada. Veintiuno cumplían los criterios para la epilepsia refractaria y 11 tenían antecedentes personales de convulsiones febriles. Cuarenta y siete pacientes habían sido vacunados con la vacuna de Sinovac; 41, con Pfizer; 12, con Moderna; y uno, con CoronaVac. Tres pacientes presentaron convulsiones 24 horas después de la aplicación de la vacuna sin una relación clara entre la vacunación y la frecuencia de las convulsiones, y un paciente requirió ingreso en el hospital por una convulsión prolongada.

Conclusión.

La vacunación contra el SARS-CoV-2 en pacientes pediátricos con epilepsia es segura. Aproximadamente el 3% de los pacientes con epilepsia podría eventualmente tener convulsiones en el período posterior a la vacunación.

Palabras clave

COVID-19
Crisis febriles
Epilepsia pediátrica
Estado epiléptico
Reacciones adversas
Vacunación contra la COVID-19
==== Body
pmcIntroducción

El coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2) es un virus contagioso responsable de la enfermedad COVID-19, que se identificó inicialmente en Wuhan, China. El SARS-CoV-2 se propagó rápidamente y fue designado como la causa de una pandemia a principios de 2020. Se observó que el SARS-CoV-2 tenía una alta transmisibilidad y se propagó rápidamente a través de amplias áreas geográficas, lo que provocó altos niveles de morbilidad y mortalidad [1].

El SARS-CoV-2 es el tercer nuevo coronavirus que causa una epidemia a gran escala en el siglo XXI, después del SARS-CoV en 2003 [2] y el coronavirus del síndrome respiratorio de Oriente Medio en 2012 [3]. El coronavirus es un virus de ARN monocatenario que codifica diferentes proteínas, incluidas proteínas estructurales, como espiga, nucleocápside, envoltura y glucoproteína; y también proteínas no estructurales, como ARN polimerasa dependiente de ARN y hemaglutinina como glucoproteínas de envoltura viral [4].

La pandemia tuvo un impacto masivo en la salud pública mundial y el desarrollo de una vacuna segura y efectiva fue una prioridad para controlar el virus y ayudar a restaurar la vida social y económica normal [5].

En 2020 y 2021 se desarrollaron múltiples esquemas de tratamiento. De éstos, solo las vacunas mostraron una eficacia superior para reducir la mortalidad y la gravedad de la presentación de la infección por coronavirus. En el momento de redactar este informe, se han desarrollado más de 190 vacunas, se han evaluado 74 vacunas en ensayos clínicos de fase III y se han aprobado 38 [6]. Según los datos de la Organización Mundial de la Salud, se han notificado más de 500 millones de casos confirmados y más de seis millones de muertes en todo el mundo, de los cuales 13.400 fueron niños [7]. La estrategia dirigida por la Organización Mundial de la Salud estableció dos objetivos vinculados: proteger la salud individual y pública, y minimizar el impacto social y económico, centrando los esfuerzos de vacunación en la reducción de la mortalidad, la hospitalización y las enfermedades graves [8].

Las epilepsias son un grupo de enfermedades neurológicas crónicas y se asocian con un aumento de la morbilidad y la mortalidad. La incidencia media de epilepsia es de 61,4 por 100.000 personas/año, y la incidencia en los países de ingresos bajos y medios es de 139 por 100.000 personas/año, mientras que en los países de ingresos altos es de 48,9 por 100.000 personas/año [9]. Las crisis sintomáticas agudas se definen como crisis clínicas que ocurren en el momento de, o en estrecha relación temporal con, una lesión en el sistema nervioso central o una patología sistémica. La etiología de las crisis sintomáticas agudas puede ser metabólica, tóxica, estructural, infecciosa o inflamatoria [10]. Estas crisis son una razón común para la admisión médica y requieren una investigación urgente. Se ha visto que la vacunación contra el SARS-CoV-2 puede generar fiebre como un efecto adverso importante, el cual ha sido relacionado como uno de los desencadenantes más prevalentes de las crisis sintomáticas agudas [11].

En Colombia, el proceso de vacunación contra el SARS-CoV-2 comenzó en marzo de 2021. A partir de noviembre de 2021, se autorizó el uso de las vacunas Sinovac y CoronaVac en niños menores de 12 años, además de los esquemas previamente aprobados de Moderna y Pfizer.

Existe evidencia de que algunas personas con epilepsia, especialmente las que tienen antecedentes de crisis febriles, tienen preocupaciones con respecto a la seguridad de la vacunación contra el SARS-CoV-2 [12]. Con base en lo anterior, el conocimiento sobre la vacunación contra el SARS-CoV-2, incluida la tolerancia y las complicaciones en personas con epilepsia, se volvió crucial en nuestro día rutinario, por lo que decidimos compartir nuestra experiencia clínica analizando a 101 pacientes.

Pacientes y métodos

Después de que se aprobara la vacunación contra el SARS-CoV-2 en la población pediátrica, comenzó este estudio y se realizó un seguimiento de los pacientes pediátricos con epilepsia que fueron vacunados en un centro de epilepsia terciaria.

Se realizó un estudio de cohorte transversal para identificar la incidencia de fiebre y convulsiones después de la administración de la vacuna, y la presencia de estado epiléptico posvacunación.

Los criterios de nuestro estudio incluyeron a pacientes de 18 años o menos que recibieron atención en un centro ambulatorio u hospitalario entre diciembre de 2021 y abril de 2022. Se incluyó a todas las personas con un diagnóstico de epilepsia, controlada, activa o refractaria. También se incluyó a niños con epilepsia que no recibían tratamiento farmacológico para el control de las crisis.

Se registraron datos demográficos, como la edad y el sexo. También se documentaron variables de epilepsia que incluyen la edad de inicio de la epilepsia, la duración de la epilepsia, el tipo de epilepsia, la frecuencia de las convulsiones, el número de medicamentos, el tiempo transcurrido desde la última crisis y los esquemas de vacunación.

Se determinó un período de hasta dos semanas después de la vacunación para reflejar los eventos relacionados con la vacunación.

Resultados

Durante el período de estudio, 101 pacientes visitaron el servicio de neurología infantil de nuestro centro terciario y se les incluyó en él. Los datos clínicos y el estado de vacunación estaban disponibles en todos los casos. Cincuenta y nueve eran hombres y 42 mujeres, y la edad promedio era de 11 años, variando entre 3 y 17 años.

Setenta y cuatro pacientes tenían epilepsia focal, incluido uno que tenía epilepsia autolimitada con crisis autonómicas (síndrome de Panayiotopoulos). Por otro lado, 27 pacientes tenían epilepsia genética generalizada; cuatro, epilepsia de ausencia infantil; tres, epilepsia mioclónica juvenil; uno, epilepsia con mioclonías palpebrales (síndrome de Jeavons); y uno, síndrome de Dravet. Veintiuno de 101 cumplían los criterios para epilepsia refractaria y sólo 11 (10,8%) tenían antecedentes personales de crisis febriles.

De los 101 pacientes vacunados, 33 recibieron sólo una dosis, mientras que los 68 restantes tuvieron un esquema de vacunación completo con dos dosis de la vacuna administrada. Cuarenta y siete pacientes habían sido vacunados con la vacuna de Sinovac; 41, con Pfizer; 12, con Moderna; y uno, con CoronaVac.

Quince pacientes desarrollaron fiebre posterior a la vacunación, sin crisis dentro de las dos semanas posteriores a la vacunación. Tres niños con epilepsia (2,97%) presentaron crisis en el período de 24 horas después de la administración de la vacuna. Estos pacientes tuvieron una alta frecuencia de crisis (aproximadamente, una crisis cada dos días), por lo que la relación entre la vacunación y la tasa de recurrencia de las crisis no estaba clara.

Un paciente requirió ingreso en el hospital por una crisis prolongada y recibió tratamiento con benzodiacepinas intravenosas sin necesidad de ingreso en la unidad de cuidados intensivos. Se sabía que este paciente presentaba eventos paroxísticos no epilépticos prolongados, sin embargo, el estado epiléptico seguía siendo posible.

Uno de los participantes era un portador conocido de la mutación SCN1A, con antecedentes de múltiples episodios de estado epiléptico febril. No tuvo un aumento de las crisis después de la aplicación de la vacuna.

Otro paciente era portador de la mutación CDH2 con crisis diarias y no hubo cambios en su frecuencia o presencia de estado epiléptico (Tabla y Figura).

Tabla Características de los pacientes (n = 101).

Características demográficas	
Hombre/mujer	59 (58%)/42 (42%)	
	
Edad (años)	3-17 años (media: 11 años)	
	
Edad de inicio de la epilepsia (años)	0,2-13 años (media: 8 años)	
	
Síndrome de epilepsia	
	
Focal	74 (73%)	
	
 Epilepsia autolimitada con crisis autonómicas (Panayiotopoulos)	1 (1,3%)	
	
Generalizada	27 (27%)	
	
 Epilepsia de ausencia infantil	4 (14%)	
	
 Epilepsia mioclónica juvenil	3 (11%)	
	
 Síndrome de Dravet	1 (4%)	
	
 Epilepsia con mioclonías palpebrales	1 (4%)	
	
Libre de crisis	65 (64%)	
	
Frecuencia diaria de las crisis	1 (0,9%)	
	
Terapia médica	
	
Con medicamentos anticrisis	78 (77%)	
	
Uso de medicamentos anticrisis ≥ 2	23 (23%)	
	
Esquema	
	
Una dosis	33 (32,6%)	
	
Dos dosis (esquema completo)	68 (37,4%)	
	
Vacunas		
	
Sinovac	47 (46,5%)	
	
Pfizer	41 (40,5%)	
	
Moderna	12 (11,8%)	
	
CoronaVac	1 (0,99%)	
	
Síntomas posteriores a la vacunación	
	
Fiebre	15 (14,8%)	
	
Crisis dentro de las 24 horas posteriores a la vacunación	3 (2,97%)	
	
Ingreso hospitalario por crisis prolongadas	1 (0,9%)	

Figura Gráficos circulares de las vacunas contra el SARS-CoV-2 utilizadas y los tipos de epilepsia.

Discusión

El miedo a la vacunación en personas con epilepsia tiene una larga historia que ha requerido una revisión extensa y ha motivado múltiples estudios en la bibliografía para proporcionar evidencia y apoyo para que se resuelva. Sin embargo, hoy en día persiste la renuencia a la vacunación, tanto en la población general como en las personas con epilepsia, y por eso ha sido un enfoque importante para muchos grupos de estudio abordar las razones por las cuales continúa la vacilación.

En un estudio de Lu et al [12], el 53% de los pacientes adultos informó de temor en relación con los posibles efectos adversos de la vacunación contra el SARS-CoV-2 y el 47% tenía preocupaciones sobre la pérdida del control de las crisis después de la vacunación. Además, en un estudio realizado por Massoud et al [13] se evaluó a 111 personas con epilepsia en Kuwait, y el miedo a los efectos adversos (42,9%) y el empeoramiento de la epilepsia (23,8%) fueron las principales razones de la vacilación de la vacuna.

Asadi-Pooya et al [14] encuestaron a 582 personas con epilepsia y otras afecciones crónicas, e identificaron a un 11,3% que no estaba dispuesto a recibir una vacuna contra el SARS-CoV-2. Este estudio demostró que los trastornos psiquiátricos comórbidos y el sexo masculino se asociaron significativamente con la vacilación, mientras que Puteikis et al [15], en Lituania, informaron de que la voluntad de vacunarse contra el SARS-CoV-2 entre las personas con epilepsia y sus cuidadores se asoció con recibir una vacuna contra la gripe en 2020, con la creencia en la seguridad de la vacuna y como un medio eficaz para adquirir inmunidad.

Qiao et al [16] analizaron las actitudes hacia la vacunación contra el SARS-CoV-2 en personas con epilepsia en China y concluyeron que el nivel de educación, la vida urbana y la ausencia de crisis se correlacionaron significativamente con la voluntad de recibir la vacuna.

En una cohorte de personas con epilepsia de China, las causas de las dudas relacionadas con la vacunación fueron evaluadas por Li et al [17]. El 58% de los evaluados temía que las crisis empeoraran después de la vacunación, el 22% fueron desalentados por el personal médico, que les aconsejó que no se vacunaran, y el 13% temía otros efectos potenciales de las vacunas. Es importante tener en cuenta el impacto que tienen los conocimientos y creencias del personal médico en esta materia. Asadi-Pooya et al [18] estudiaron la opinión de los médicos sobre la necesidad de la vacunación contra el SARS-CoV-2 en personas con epilepsia. Incluyeron a 116 neurólogos y 86 psiquiatras, y el 74% recomendó con confianza la vacuna contra el SARS-CoV-2. Sin embargo, sólo el 49% la recomendó a todos los pacientes y otros la consideraron sólo en poblaciones especiales.

En términos de los efectos de la vacunación sobre el patrón de crisis, Romozzi et al [19] estudiaron el impacto de la vacuna contra el SARS-CoV-2 en la epilepsia en adultos de Italia. De 358 participantes, el 92,4% no experimentó un aumento en la frecuencia de las crisis, y aquellos con empeoramiento de las crisis tuvieron una mayor frecuencia de crisis antes de la vacuna. Esto fue similar en nuestro estudio. Li et al [17] informaron de que ninguno de los pacientes vacunados en su estudio tuvo un resultado de empeoramiento del control de las crisis. Lu et al [12] realizaron otro estudio en adultos y registraron a 19 personas de 981 que había aumentado la frecuencia ictal en el período posterior a la vacunación, sin casos de estado epiléptico.

Massoud et al [13] encuestaron a 111 personas con epilepsia y, de los vacunados, el 93,9% no informó de que las crisis empeoraran después de la vacunación. El riesgo relativo de empeoramiento ictal después de la primera y la segunda dosis de Pfizer y la primera dosis de las vacunas de AstraZeneca fue de 1,027 (intervalo de confianza al 95%: 0,891-1,183), 1,019 (intervalo de confianza al 95%: 0,928-1,119) y 1,026 (intervalo de confianza al 95%: 0,929-1,134), respectivamente, y sólo un paciente informó de estado epiléptico. En el estudio de Von Wrede et al [20] se evaluó a 54 pacientes y sólo uno informó de un aumento de la frecuencia de las crisis después de la vacunación contra el SARS-CoV-2. Otro paciente informó de un cambio en la semiología ictal, sin informes de pacientes con epilepsia que desarrollaron estado epiléptico posterior a la vacunación.

En un estudio realizado por Özdemir et al [21] no se encontró un aumento en la frecuencia de las crisis en pacientes con epilepsia que registraron sus crisis un mes antes de la vacunación, en el período entre la dosis de la vacuna y un mes después de la aplicación de la última dosis. En una serie de pacientes con síndrome de Dravet analizados por Clayton et al [22], tres de 15 pacientes tuvieron mayor frecuencia de crisis después de la primera dosis de la vacuna, sin el mismo aumento después de la segunda. Hood et al [23] no observaron ningún estado epiléptico en pacientes adultos con síndrome de Dravet después de la vacunación, y no hubo empeoramiento de las crisis en relación temporal con la vacunación en la mayoría de los casos.

En el presente estudio, en pacientes que presentaron crisis, fue difícil distinguir si éstas estaban relacionadas con la vacunación o se debían a la alta frecuencia de crisis basales. No se ha encontrado una relación directa entre las vacunas contra el SARS-CoV-2 y las crisis epilépticas, y la mayoría de la evidencia apoya que, aunque algunos pacientes pueden experimentar fiebre, la fiebre asociada con la infección y la infección en sí implican un mayor riesgo en personas con epilepsia.

Uno de los puntos fuertes del presente estudio fue la inclusión de vacunas que se están utilizando en países de ingresos bajos y medios, así como otras vacunas ya autorizadas por la Food and Drug Administration de Estados Unidos y la Agencia Europea de Medicamentos. Este espectro de vacunación, que incluye tipos de vacunas diferentes a las previamente notificadas, es esencial, dado que una gran proporción de los pacientes con epilepsia serán vacunados con estos agentes en varias regiones del mundo.

La evaluación de los pacientes pediátricos permite considerar información importante y novedosa como evidencia para informar a los pacientes con epilepsia. Éste es el primer estudio, hasta donde sabemos, que incluye a 44 pacientes menores de 11 años y con múltiples tipos de epilepsia, lo que demuestra la seguridad de la vacunación contra el SARS-CoV-2 en los más jóvenes con epilepsia, incluso si tienen etiologías heterogéneas para su epilepsia, frecuencia y patrones ictales.

Las limitaciones del estudio incluyen que el informe de las crisis dependió principalmente de los informes de los padres y éstos podrían verse afectados por el sesgo de recuerdo. Sin embargo, el hecho de que el resurgimiento de las convulsiones sea un evento traumático hace que el informe sea más auténtico.

Conclusión

Para concluir, sobre la base de esta revisión actual de la bibliografía más destacada y de los resultados obtenidos de nuestro estudio, la vacunación contra el SARS-CoV-2 en pacientes pediátricos con epilepsia es segura.

Según nuestros datos, aproximadamente el 3% de los pacientes con epilepsia podría eventualmente tener crisis en el período posterior a la vacunación, y el estado epiléptico es poco probable.

Estos resultados deben ser considerados por el personal médico para apoyar su conocimiento y guiar la información proporcionada a los familiares de pacientes con epilepsia y pacientes pediátricos con epilepsia, que pueden tener dudas sobre la vacuna contra el SARS-CoV-2.

Original
SARS-CoV-2 vaccination in paediatric patients with epilepsy: experience of a tertiary center in Colombia
Ortiz-de la Rosa Johann S. https://orcid.org/0000-0002-3432-1932

Ramón-Gómez Jorge L. https://orcid.org/0000-0002-2697-2380

Martínez-Córdoba Natalia https://orcid.org/0000-0002-2446-7890

Lince-Rivera Isabella https://orcid.org/0000-0002-1416-3201

Roosevelt Institute Roosevelt Institute Roosevelt Institute Bogotá Colombia
Universidad Militar Nueva Granada. Bogotá, Colombia Universidad Militar Nueva Granada Universidad Militar Nueva Granada Bogotá Colombia
Correspondence: Dr. Johann Sebastián Ortiz-de la Rosa. Instituto Roosevelt. Cra. 1 # 17 - 50. Santa Fé, Bogotá, Colombia. E-mail: jsortizd@gmail.com
Aim.

The objective of this study is to evaluate effects of SARS-CoV-2 vaccination on seizure pattern in paediatric patients with epilepsy that attended our tertiary center in the city of Bogotá, Colombia.

Patients and methods.

Children with epilepsy who were treated at our center and have had SARS-CoV-2 vaccination and their caregivers were asked to report their experience following vaccination. We documented age, sex, age at onset of epilepsy, duration of epilepsy, epilepsy type, seizure frequency, number of medications, time from last crisis, vaccination schemes, and seizures two weeks after vaccination.

Results.

One hundred and one patients with epilepsy were included (58%, male; and 42%, female). The average age was 11 years, 73% had focal epilepsy, and 27%, generalized. Twenty-one fulfilled criteria for refractory epilepsy and 11 had a personal history of febrile seizures. Forty-seven patients had been vaccinated with Sinovac’s vaccine; 41 patients, with Pfizer’s; 12 patients, with Moderna’s; and one, with CoronaVac’s. Three patients presented seizures 24 hours after the application of the vaccine with no clear relation between vaccination and seizure frequency, and one patient required admission to the hospital for a prolonged seizure.

Conclusion.

Vaccination against SARS-CoV-2 in paediatric patients with epilepsy is safe. Approximately 3% of patients with epilepsy could eventually have seizures in the post-vaccination period.

Key words

Adverse reactions
COVID-19
COVID-19 vaccination
Epileptic status
Febrile seizures
Paediatric epilepsy
Introduction

Severe acute respiratory syndrome coronavirus 2 (SARS-CoV-2) is a contagious virus responsible for COVID-19 disease, which was initially identified in Wuhan, China. SARS-CoV-2 spread quickly and was designated to be the cause of a pandemic by early 2020. SARS-CoV-2 was noted to have high transmissibility and it spread across wide geographical areas rapidly, resulting in high levels of morbidity and mortality [1].

SARS-CoV-2 is the third novel coronavirus to cause a large-scale epidemic in the twenty-first century, after SARS-CoV in 2003 [2] and the Middle East respiratory syndrome coronavirus in 2012 [3]. Coronavirus is a single stranded RNA virus that encodes different proteins including structural proteins such as: spike, nucleocapsid, envelope and glycoprotein; and also non-structural proteins such as RNA-dependent RNA polymerase and hemagglutinin as viral envelope glycoproteins [4].

The pandemic had a massive impact on global public health and the development of a safe and effective vaccine was a priority to control the virus and help restore normal social and economic life [5].

In 2020 and 2021, multiple treatment schemes were developed. Of those, only vaccines showed superior efficacy in reducing mortality and severity of presentation of coronavirus infection. At the time of writing, more than 190 vaccines have been developed, 74 vaccines have been evaluated in phase III clinical trials and 38 have been approved [6]. According to the World Health Organization’s data, over 500 million confirmed cases and over six million deaths have been reported globally, of which 13,400 were children [7]. The strategy led by World Health Organization set two linked goals: to protect individual and public health, and to minimize societal and economic impact, by focusing vaccination efforts on the reduction of mortality, hospitalization, and severe disease [8].

Epilepsies are a group of chronic neurological diseases and are associated with increased morbidity and mortality. The average incidence of epilepsy is 61.4 per 100,000 people/year, and the incidence in low and middle-income countries is 139 per 100,000 people/year, while in high-income countries it is 48.9 per 100,000 people/year [9]. Acute symptomatic seizures are defined as clinical seizures occurring at the time of, or in close temporal relationship with, a documented central nervous system or systemic insult. The etiology of acute symptomatic seizures can be metabolic, toxic, structural, infectious, or inflammatory [10]. These seizures are a common reason for medical admission and require urgent investigation. SARS-CoV-2 vaccination can result in fever as a major adverse effect, and this is considered as one of the most prevalent triggers of acute symptomatic seizures [11].

In Colombia, the vaccination process against SARS-CoV-2 started in March 2021. From November 2021, the use of Sinovac and CoronaVac vaccines were authorized in children under 12 years of age, in addition to the previously approved schemes of Moderna and Pfizer.

There is evidence that some people with epilepsy, especially those with a history of febrile seizures, have concerns regarding the safety of vaccination against SARS-CoV-2 [12]. Based on the above, knowledge concerning SARS-CoV-2 vaccination, including tolerance and complications in people with epilepsy, became crucial in our routinary day, which is why we decided to share our clinical experience by analyzing 101 followed up patients.

Patients and methods

After SARS-CoV-2 vaccination was approved in the paediatric population, this study commenced and a follow-up of paediatric patients with epilepsy who were vaccinated was done in a tertiary epilepsy center.

A prospective, cross-sectional cohort study was conducted to identify the incidence of fever and seizures after the administration of the vaccine, and the presence of post-vaccination status epilepticus.

Our study criteria included patients aged 18 years or less who received care at outpatient or inpatient facility between December 2021 and April 2022. All people with a diagnosis of epilepsy, that was either controlled, active, or refractory, were included. Children with epilepsy not receiving pharmacological treatment for seizure control were also included.

Demographic data such as age and sex were recorded. Epilepsy variables including age at onset of epilepsy, duration of epilepsy, epilepsy type, seizure frequency, number of medications, time from last crisis, and vaccination schemes were also documented.

A period of up to two weeks after vaccination was determined to reflect vaccination-related events.

Results

During the study period, 101 patients visited the child neurology department of our tertiary center and were included. Clinical data and vaccination status was available in all cases. Fifty-nine were males and 42 females, and the average age was 11 years, ranging between 3 to 17 years.

Seventy-four patients had focal epilepsy, including one that had Panayiotopoulos syndrome. On the other hand, 27 patients had genetic generalized epilepsy; four, childhood absence epilepsy; three, juvenile myoclonic epilepsy; one, Jeavons syndrome; and one, Dravet syndrome. Twenty-one out of 101 fulfilled the criteria for refractory epilepsy and only 11 (10.8%) had a personal history of febrile seizures.

Of the 101 vaccinated patients, 33 had only one dose, while the remaining 68 had a complete vaccination scheme with two doses of the vaccine administered. 47 patients had been vaccinated with Sinovac’s vaccine; 41 patients, with Pfizer’s; 12 patients, with Moderna’s; and one patient, with CoronaVac’s.

Fifteen patients developed post-vaccination fever, with no seizures within two weeks of vaccination. Three children with epilepsy (2.97%) presented seizures in the 24-hour period after vaccine administration. These patients had a high seizure frequency (approximately, one crisis every two days), so the relationship between vaccination and the rate of recurrence of seizures was unclear.

One patient required admission to the hospital for a prolonged seizure and received management with intravenous benzodiazepines with no intensive care unit admission required. This patient was known to present prolonged non-epileptic paroxysmal events, however status epilepticus remained possible.

One of the participants was a known carrier of the SCN1A mutation, with a history of multiple episodes of febrile status epilepticus. It did not have increased seizures after vaccine application.

Another patient was a CDH2 mutation carrier with daily seizures and there was no change in its frequency or presence of status epilepticus (Table and Figure).

Table Patients’ characteristics (n = 101).

Demographic features	
Male/female	59 (58%)/42 (42%)	
	
Age (years)	3-17 years (mean: 11 years)	
	
Age at onset of epilepsy (years)	0.2-13 years (mean: 8 years)	
	
Epilepsy syndrome	
	
Focal	74 (73%)	
	
 Panayiotopoulos	1 (1.3%)	
	
Generalized	27 (27%)	
	
 Childhood absence epilepsy	4 (14%)	
	
 Juvenile myoclonic epilepsy	3 (11%)	
	
 Dravet syndrome	1 (4%)	
	
 Jeavons syndrome	1 (4%)	
	
Seizure free	65 (64%)	
	
Daily Seizure Frequency	1 (0.9%)	
	
Medical therapy	
	
On antiseizure medication	78 (77%)	
	
Use of ≥ 2 antiseizure medication	23 (23%)	
	
Scheme	
	
One dose	33 (32.6%)	
	
Two doses (complete scheme)	68 (37.4%)	
	
Vaccines		
	
Sinovac	47 (46.5%)	
	
Pfizer	41 (40.5%)	
	
Moderna	12 (11.8%)	
	
CoronaVac	1 (0.99%)	
	
Post-vaccination symptoms	
	
Fever	15 (14.8%)	
	
Seizures within 24 hours after vaccination	3 (2.97%)	
	
Hospital admission for prolonged seizure	1 (0.9%)	

Figure Pie charts of SARS-CoV-2 vaccines used and epilepsy types.

Discussion

Fear of vaccination in people with epilepsy has a long history that has required extensive review and has motivated multiple studies in literature in order to provide evidence and support for it to be resolved. However, now-a-days reluctance to vaccination persists, in both the general population as well as in people with epilepsy, and this is why it has been an important focus for many study groups to address the reasons why hesitation continues.

In a study by Lu et al [12], 53% of adult patients reported fear in relation to the possible adverse effects of SARS-CoV-2 vaccination, and 47% had concerns about losing seizure control post-vaccination. Further, in a study by Massoud et al [13], one hundred and eleven people with epilepsy in Kuwait were assessed, and fear of adverse effects (42.9%) and worsening of epilepsy (23.8%) were the main reasons for vaccine hesitancy.

Asadi-Pooya et al [14] surveyed 582 people with epilepsy and other chronic conditions, and identified 11.3% who were not willing to receive a SARS-CoV-2 vaccine. This study demonstrated that comorbid psychiatric disorders and male sex were significantly associated with hesitancy, whereas Puteikis et al [15], in Lithuania, reported that the willingness to be vaccinated against SARS-CoV-2 among people with epilepsy and their caregivers was associated with receiving an influenza vaccine in 2020, belief in vaccine safety and as an effective means to acquire immunity.

Qiao et al [16] analyzed attitudes towards vaccination against SARS-CoV-2 in people with epilepsy in China and concluded that education level, urban living, and seizure freedom were significantly correlated with willingness to receive the vaccine.

In a cohort of people with epilepsy from China, the causes of doubts related to vaccination were evaluated by Li et al [17]. Fifty eight percent of those evaluated were afraid of seizure worsening after vaccination, 22% were discouraged by medical personnel, who advised them not to be vaccinated, and 13% feared other potential effects of the vaccines. It is important to take into account the impact that medical personnel’s knowledge and beliefs have in this matter. Asadi-Pooya et al [18] studied the opinion of physicians on the necessity of SARS-CoV-2 vaccination in people with epilepsy. One hundred and sixteen neurologists and 86 psychiatrists were included, and 74% confidently recommended SARS-CoV-2 vaccine. However, only 49% recommended it to all patients, and others would consider it in special populations only.

In terms of effects of vaccination on seizure pattern, Romozzi et al [19] studied the impact of SARS-CoV-2 vaccine on epilepsy in adults from Italy. Of 358 participants, 92.4% did not experience an increase in seizure frequency, and those with seizure worsening had a higher pre-vaccine seizure frequency. This was similar in our study. Li et al [17] reported that none of the vaccinated patients in their study had a vaccine result in worsening of seizure control. Lu et al [12] carried another study in adults and registered 19 people out of 981 that had increased seizure frequency in the post-vaccination period, with no cases of status epilepticus.

Massoud et al [13] surveyed 111 people with epilepsy and, out of the vaccinated, 93.9% did not report seizure worsening after vaccination. The relative risk of seizure worsening after the first and second doses of Pfizer and the first dose of AstraZeneca vaccines was 1.027 (95% confidence interval: 0.891-1.183), 1.019 (95% confidence interval: 0.928-1.119) and 1.026 (95% confidence interval: 0.929-1.134), respectively, and only one patient reported status epilepticus. In Von Wrede et al study [20] 54 patients were evaluated and only one reported an increased seizure frequency after SARS-CoV-2 vaccination. Another patient reported a change in ictal semiology, with no reports of patients with epilepsy who developed post-vaccination status epilepticus.

In a study carried out by Özdemir et al [21] no increase in seizure frequency was found in patients with epilepsy who recorded their seizures one month before vaccination, in the period between doses of the vaccine, and one month after the last dose was applied. In a series of patients with Dravet syndrome, analyzed by Clayton et al [22], 3 of 15 patients were reported with increased seizure frequency after the first dose of the vaccine, without the same increase after the second. Hood et al [23] observed no status epilepticus cases in adult patients with Dravet syndrome after vaccination, and no worsening of seizures in temporal relation to vaccination in the majority of cases.

In the present study, in patients who presented seizures it was difficult to distinguish whether they were related to vaccination or due to high baseline seizure frequency. No direct link has been found between SARS-CoV-2 vaccines and epileptic seizures, and the majority of evidence supports that, even though some patients may experience fever, fever associated with the infection and the infection itself implies a higher risk in people with epilepsy.

One of the strengths of the present study was the inclusion of vaccines that are being used in low- and middle-income countries, as well as other vaccines already authorized by the United States Food and Drug Administration and European Medicines Agency. This vaccination spectrum, that includes types of vaccines different from those previously reported is essential, given that a large proportion of patients with epilepsy will be vaccinated with these agents in several regions of the world.

The evaluation of paediatric patients allows important and novel information to be considered as evidence to inform people with epilepsy. This is the first study, to our knowledge, that includes 44 patients under 11 years of age and with multiple types of epilepsy, demonstrating the safety of vaccination against SARS-CoV-2 in the youngest with epilepsy, even if they have heterogeneous etiologies for their epilepsy, frequency and patterns of seizures.

Limitations of the study include that the report of seizures depended mainly on parental reports and these could be affected by recall bias. However, the fact that resurgence of seizures is a traumatic event makes the report more authentic.

Conclusion

To conclude, based on this present review of the salient literature and from the results obtained from our study, vaccination against SARS-CoV-2 in paediatric patients with epilepsy is safe.

According to our data, approximately 3% of patients with epilepsy could eventually have seizures in the post-vaccination period, and status epilepticus is unlikely.

These results should be considered by medical personnel in order to support their knowledge, and guide the information provided to relatives of patients with epilepsy and paediatric patients with epilepsy, who may have doubts about getting the SARS-CoV-2 vaccine.

Ethics approval: Appropriate ethical approval was received for the development of this article. The study conforms to Declaration of Helsinki’s recognized standards.

Informed consent: Patients’ consent were obtained before submission of the manuscript.

Conflict of interests: The authors declare no conflicts of interest.
